José Luis Páez: “Me he encontrado, no sólo aquí sino que también en San Juan, que no se ha trabajado bien con los chicos que hoy son grandes”

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Foto: Luis Sevilla

Fuente: latercera.com.- José Luis Páez (47) se sube todos los días al Metro de Santiago en estación Unión Latinoamericana. Cerca de ahí se ubica el hotel en que se aloja, ya que las autoridades no le permitieron hospedarse en el del CAR. Luego, combina en Baquedano con la Línea 5 y se baja en Ñuble. A la salida, hay una gruta que recuerda a San Expedito. Se detiene y eleva una plegaria. “San Expedito salvó a un pueblo en San Juan, donde yo nací, y verlo aquí es una señal para mí”, cuenta el ilustre personaje que circula anónimamente en el no siempre cómodo transporte público capitalino. Aunque dice que “Santiago no tiene nada que envidiar a Europa”.

El Negro, como se le conoce internacionalmente, es uno de los mejores jugadores de hockey patín de la historia, el único que ganó todos los títulos posibles, marcando una época en Italia y España. En este último país jugó 14 temporadas en el Barcelona y otras seis en el Reus. También fue campeón olímpico con Argentina en Barcelona 92; logró los mundiales de 1995 y 1999; el Mundial de Clubes de 2008; ocho copas de Europa; dos Recopa y una Copa Intercontinental, entre otros hitos.

“Nunca me he considerado el mejor de la historia ni mejor que nadie. Lo bueno que he tenido es la educación que me dieron mis padres. La pobreza te lleva a tener esta humildad y a lograr lo que hemos logrado. A uno lo consideran en un estatus, pero yo nunca me he olvidado de qué es un deporte de equipo”, dice.

“Mi humildad pasa por saber de dónde vengo. Nací en un club de hockey, el Concepción. Vivíamos ocho personas en una habitación de ocho metros por cuatro y la cancha estaba al lado. No nací en un sillón de rey, sino que en una silla de madera y de paja. Entonces, ¿por qué no venir en metro o en autobús? Es lo más normal para mí”, sostiene.

Después de agradecer al santo de las causas urgentes e inmediatas, camina 10 minutos por Avenida Carlos Dittborn hasta la cancha de las Marcianitas, en el Estadio Nacional. Ahí, todos los días desde hace un mes y medio, entrena a las selecciones masculinas adulta y Sub 20: “Me encantan los retos personales. Toda la vida he vivido de retos, de metas, de finales ganadas y perdidas… Me gusta sufrir, porque sé sufrir. Me ilusiona porque creo que se puede hacer algo bueno”.

Reconoce que tiene buena materia prima, pero que ha debido esforzarse en transmitir algunos principios elementales. “Me he encontrado, no sólo aquí sino que también en San Juan, que no se ha trabajado bien con los chicos que hoy son grandes. Los conceptos básicos no los tienen bien fomentados, pero estamos absorbiéndolos a grandes pasos. Es un trabajo largo, pero tengo un margen muy lindo para lograrlo”, señala.

En ese contexto, su intención es dar un salto de calidad con el equipo chileno. Y tiene fe en conseguirlo: “Yo estoy aquí por algo. Odio perder y odio hacerlo jugando mal. No hay que buscar resultados inmediatos, sería injusto, porque hay mucho trabajo. Sin embargo, queremos tener un escalón más alto. Hay buenos jugadores, tienen un buen ensamblaje. Y el día de mañana, esté o no esté yo, espero que se logre”, afirma sobre su ciclo, que tiene un plazo definido. “No me gusta estar por más de tres años, pero me gustaría dejar un aprendizaje. Y creo que Chile va a estar muy arriba”, declara.

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