Un Fanano de oro para los lusos (By Susana Pandavenes)

Foto: Marzia Cattini

Fuente: Una percha para mi stick.- Incomparable, durante la semana más calurosa de la historia de Italia se ha disputado el título europeo sub 17 de hockey sobre patines. Este paraje sin precedentes se denomina Fanano, un pequeño y pintoresco municipio de Módena. Un entorno rural para acoger la competición continental que reuniría a diez selecciones: Italia, Israel, Alemania, Suiza, Austria, Andorra, Francia, Portugal, Inglaterra y España.

Cuatro juegos por jornada menos los dos últimos días que se jugaron cinco, desde mediodía el Palaghiaccio de Fanano se convertía en punto de encuentro de deportistas, técnicos y atrevidos aficionados que no temían los kilómetros ni las curvas. Un total de 30 partidos en 7 días, 1200 minutos de hockey para quiénes, en pleno verano, echaban en falta la competición liguera.

Dos partidos para el recuerdo: el España-Italia de la fase de grupos y la final entre Portugal y España. Motivos muy distintos los postulan como los mejores choques del torneo; el primero, por goles, por una actuación perfecta del conjunto español durante 20 minutos y por una lección de fe que el equipo transalpino impartió en la segunda mitad. El segundo, por la calidad de los equipos que se medían en pista y en los banquillos, porque cuando España y Portugal pisan el cemento lo convierten en hielo y en vez de patina, bailan. Por el valor de lo que estaba en juego -el oro-, por la igualdad que reinó y la emoción que estalló con el gol de oro luso.

Esta ha sido la última competición que mantiene el sistema del gol de oro. Esta modalidad definitoria desaparece y con ella se lleva las lágrimas de muchos que la han sufrido. En concreto, esta generación por partida doble, los portugueses la padecieron el pasado año y en esta edición ha sido España quien la lamentó. El gol de oro es como esas relaciones a las que ahora los modernos llaman “tóxicas”… restaba más de lo que aportaba. Es una forma cruel de perder y un acierto que no se repita.

Pudo ganar cualquiera, pero lo hizo Portugal, por ello: parabens miúdos!

Los de Nuno Ferrão compartieron podio con la deportividad, ésta fue la gran triunfadora de la noche cuando al finalizar la entrega de trofeos todas las selecciones se saludaban, abrazaban, felicitaban y despedían como lo que son: amigos separados por kilómetros, y algunos casos miles, pero unidos por una pasión. También vencía la deportividad cuando los árbitros fueron aplaudidos e incluso homenajeados como en el caso de Carlo Corponi, quien ponía fin a su carrera deportiva con un broche inmejorable: pitando con Claudio Ferraro una final sin errores.

Ni un conflicto en siete jornadas, en 30 partidos, en 1200 minutos. Ni un mal gesto hacia sus entrenadores, sólo caras de respeto, ojos de admiración para quiénes confían a ellos su misión.

Cuánto tienen que enseñar los niños… cuánto que aprender los adultos. 

Gracias a quiénes hicieron posible que toda Europa pudiera seguir desde sus casas con calidad cada uno de los encuentros y al equipo más importante del europeo: el de voluntarios! es de agradecer que siempre haya gente que se presta a ayudar y colaborar para que los compeonatos salgan adelante. Esto también forma parte del juego, siempre movidos por la pasión!

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